jueves, 20 de septiembre de 2012

Oratoria a la Virgen de Guadalupe ganadora de la zona N 16 de la región educativa de la comarca Ngabe Bugle en el 2012. Autor: Lic. José Alexander Sanjur


“Una de las obras más terribles provocadas por las tinieblas hoy y que tiene ya       su larga historia, es la degradación de la dignidad de la persona, provocada por una percepción falsa del misterio humano que la envuelve” Monseñor Rómulo Emiliani.
Muy buenos días, afanoso personal docente y administrativo de nuestro prestigioso Ministerio de Educación, distinguidos miembros del jurado calificador, respetables compañeros participantes, honorables Damas Guadalupanas, público en general. Mi nombre es Noemí Bejerano, curso el VI grado B y represento, con mucha humildad, al Centro Básico General Boca de Remedio. Estoy aquí ante ustedes para disertar en torno a la figura venerable de Nuestra Señora de Guadalupe como forjadora de valores en este año proclamado como año de la fe.
He querido iniciar mi intervención con esta cita muy aleccionadora de monseñor Emiliani, que encierra el sentir de la humanidad entera ante una sociedad en crisis de valores creciente, para plantearles la evidente necesidad de exaltar figuras de nuestra propia realidad autóctona que constituyan verdaderos modelos a seguir en el cultivo de los valores que nacen del alma pura de todos nosotros, figuras históricas y que compartan las mismas raíces nativas que corren en nuestras venas. Me refiero, muy en particular, a Juan Diego. Sí, me refiero a ese humilde indígena mexicano cuyo único anhelo era que aceptáramos en nuestro corazón el mensaje de Nuestra Señora del Tepeyac, mi niñita como le decía cariñosamente.
Y es que, señoras y señores, resulta muy difícil confiar en un mundo tan degradado como el nuestro. Y ¿Porqué enuncio la palabra confiar? Sencillamente, porque fe es sinónimo de confianza. Esta desconfianza en que se vive actualmente se debe a la falta de valores que he mencionado antes. Si yo no tengo valores y mis prójimos tampoco; no tendré fe en mí, ni en los demás y mucho menos en Dios. Juan Diego tenía confianza en él, en su iglesia y sus enseñanzas. Por consiguiente, no dudó y tuvo fe en las palabras de la Guadalupana. Este abandonarse ante Dios por mediación de su Santísima Madre es lo que promulga este año de la fe. ¡Hermanos, hagámoslo realidad de la mano de la morenita!
Definitivamente, el mensaje de Nuestra Madre de Latinoamérica, la Virgen de Guadalupe es, como dice San Agustín, una belleza siempre antigua y siempre nueva, pues su lenguaje es connotativo y brinda una multiplicidad de enseñanzas. Recuerdan, muy queridos oyentes, ¿El descubrimiento reciente en los ojos de la Lupita? Era una familia. Y es que la fe no está perdida, si se empieza a cultivar en el núcleo familiar, allí está la clave de una sociedad con altos ideales y valores, sociedad que todos debemos construir de la mano de Dios y de la Virgencita
Concluyo, con muchas otras inquietudes por compartir, con una pequeña historia que encierra el significado de la fe. Érase un pueblo que, azotado por una gran sequía, decidió reunirse para clamar a Dios para que enviara la lluvia. En el día pactado, el sol irradiaba más que nunca y los feligreses empezaban a llegar. De pronto, el sacerdote que recibía a las personas en la entrada divisó a una niña acercarse con un paraguas, hecho que lo dejó inquieto. Al llegar la niña, éste le pregunta ¿Cómo vienes en un día tan soleado y maravilloso con un paraguas? A lo cual la niña le respondió: ¿No venimos a clamar a Dios por lluvia? Pues ya yo vengo preparada.

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